27 septiembre 2026 - 18:02
fuente: Abna24
La mirada de los centros de estudios de Turquía hacia Irán: de la crisis gestionada a un reajuste estratégico

El doctor Hasan Sadeghian, profesor de la Universidad de Teherán y secretario de la mesa de Turquía del centro de estudios Zaviye, en un artículo analítico examinó las posturas recientes de los centros de estudios turcos y profundizó en la política de "neutralidad activa" de Ankara hacia Irán, y escribió: en los círculos de pensamiento de Ankara se ha consolidado una premisa estratégica según la cual Turquía no tolera un Irán poderoso, pero también teme profundamente su colapso.

Agencia de Noticias AhlulBayt (ABNA): en la literatura estratégica de Turquía, Irán es percibido simultáneamente como vecino, rival geopolítico, socio económico y variable de seguridad vital. Por ello, incluso en un contexto de intensificación de la presión estadounidense y de reducción de la cooperación económica, la mayoría de los análisis turcos insisten en la necesidad de evitar que la rivalidad se transforme en un enfrentamiento directo.

El estudio de las posturas recientes de centros de estudios e institutos de investigación como SETA, EDAM, ORSAM y la Türkiye Araştırmaları Vakfı (Fundación de Estudios de Turquía) revela que en Ankara se está afianzando una tesis fundamental: "Turquía no desea un Irán fuerte y competidor, pero tampoco desea un Irán inestable o colapsado". Aunque esta dualidad es la clave para comprender la futura política turca hacia Irán, surge de inmediato una pregunta central: "¿Puede la intensificación del enfrentamiento entre Estados Unidos, el régimen sionista e Irán, junto con sus repercusiones internacionales y regionales, alterar dicha tesis?" Dicho de otro modo, ¿el cambio de circunstancias llevará a los centros de estudios turcos a concluir que ya no existe diferencia entre un "Irán débil" y un "Irán colapsado", y que ambos escenarios servirían por igual a los intereses de Turquía?

Primera constatación: Irán es una "amenaza", pero el "colapso de Irán" es una amenaza mayor

En los estudios turcos, la preocupación principal respecto a Irán abarca varios ámbitos: el programa nuclear, la red de influencia regional, Siria, Irak, el Cáucaso y la rivalidad en torno a las rutas energéticas y de tránsito.

El informe de seguridad de SETA de 2026 examina las relaciones entre Irán y Turquía dentro del marco de un "pragmatismo tras un largo distanciamiento" y subraya la continuidad de la rivalidad entre ambos países en Siria, Irak y el Cáucaso. Pero el dato más relevante es que los centros de estudios turcos distinguen claramente entre un "Irán débil" y un "Irán colapsado".

Según el análisis de la Türkiye Araştırmaları Vakfı, el colapso o la inestabilidad severa de Irán podría provocar un aumento de la migración, inseguridad fronteriza, disrupción de las rutas comerciales y el fortalecimiento de los grupos armados kurdos. Por lo tanto, desde la perspectiva de Ankara, el escenario más deseable no es ni la victoria total de Irán ni su colapso, sino un Irán debilitado, pero estable y predecible.

La estrategia dominante de Turquía: "neutralidad activa", no neutralidad pasiva

SETA, en su análisis de marzo de 2026, describe la política de Turquía frente a la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel como "no beligerancia, contención y diplomacia"; es decir, Ankara no desea entrar en guerra, pero tampoco puede permanecer indiferente ante la evolución de la situación de Irán. Por su parte, EDAM considera la guerra de Irán una crisis multidimensional para Turquía que afecta simultáneamente su seguridad, su economía, su política exterior y su estabilidad interna.

En consecuencia, el enfoque turco puede resumirse así: "ni alineamiento total con Irán, ni incorporación plena al frente antiiraní, sino la preservación de un margen de maniobra entre ambas partes". Esto es precisamente lo que algunos análisis turcos denominan "neutralidad activa" (active neutrality). La Türkiye Araştırmaları Vakfı también ha insistido en la continuidad de este enfoque.

Del conjunto de los estudios pueden extraerse cuatro campos principales de rivalidad:

a) Siria

Siria es el escenario más importante de la rivalidad geopolítica entre ambos países. El cambio de gobierno en Damasco ha debilitado la posición de Irán y ha fortalecido el papel de Turquía. SETA también considera a Siria uno de los ámbitos estructurales más importantes de discrepancia entre ambos países.

b) Irak

La rivalidad en torno a la energía, el comercio, el agua, los grupos armados y las rutas de tránsito en Irak va en aumento.

c) El Cáucaso

Irán es sensible a la expansión de la influencia de Turquía y Azerbaiyán en el Cáucaso Sur; por su parte, Turquía busca aprovechar la nueva coyuntura para fortalecer los corredores este-oeste.

d) La cuestión kurda

Este es quizás el punto de coincidencia más sensible en materia de seguridad. Turquía teme que la inestabilidad de Irán, Siria o Irak abra una nueva oportunidad para el PKK/PJAK y los grupos afines. Por ello, desde la óptica de Ankara, incluso si Irán es un rival, la preservación de su integridad territorial y el control de sus fronteras revisten una importancia de seguridad directa para Turquía.

El cambio más importante: de la rivalidad "militar" a la rivalidad "geoeconómica"

Uno de los aspectos más interesantes de los nuevos estudios turcos es que el futuro de la rivalidad entre Irán y Turquía ya no se define exclusivamente en el terreno militar. La Türkiye Araştırmaları Vakfı subraya explícitamente que, con la reducción o transformación de la guerra directa, la rivalidad se trasladará hacia los corredores, las esferas de influencia y una nueva arquitectura de seguridad.

En este marco, el corredor medio, Zanguezur, la ruta de desarrollo de Irak, la energía y la conexión de Turquía con Asia Central adquieren mayor relevancia. Esta transformación constituye una advertencia estratégica para Irán: "si Teherán observa sus relaciones con Ankara únicamente desde una óptica securitaria, corre el riesgo de perder el terreno principal de la rivalidad, que se ha desplazado hacia la economía, el tránsito y la conectividad regional".

¿Buscan los centros de estudios turcos romper relaciones con Irán?

El examen de las posturas existentes no ofrece esa imagen. Incluso los análisis que presentan el debilitamiento de la posición regional de Irán como una oportunidad para Turquía advierten, al mismo tiempo, que un vacío de poder en Irán podría resultar extremadamente costoso para Turquía. En efecto, el cálculo turco es el siguiente:

Irán poderoso = rival; Irán débil = oportunidad y riesgo a la vez; Irán colapsado = amenaza de seguridad.

¿Cómo superar la situación crítica actual?

Del conjunto de propuestas presentes en la literatura de los centros de estudios turcos puede extraerse un marco de cinco etapas para reducir la tensión:

Primera etapa: separación de las disputas

Teherán y Ankara no deben colocar todas sus diferencias en una misma cesta. Es necesario distinguir entre: "las disputas entre Estados Unidos e Irán; las disputas entre Irán e Israel; las disputas entre Irán y Turquía; la rivalidad en Siria; la rivalidad en el Cáucaso; y los asuntos económicos". Esta separación permite a Turquía, sin necesidad de aceptar las políticas de Irán, evitar que todas las diferencias se conviertan en una confrontación bilateral generalizada.

Segunda etapa: creación de un canal de seguridad permanente

Es indispensable crear entre ambos países un canal de seguridad y militar permanente para gestionar incidentes fronterizos, de misiles, aéreos y de actividad de grupos armados. Los incidentes no deseados pueden llevar las relaciones a una fase peligrosa con mayor rapidez que las propias disputas políticas.

Tercera etapa: reconstrucción del vínculo económico

Los análisis turcos siguen considerando el comercio y la conectividad regional como una de las herramientas para reducir la tensión. Por ello, incluso en condiciones de sanciones, deben mantenerse ámbitos de cooperación: energía, tránsito, frontera, turismo, comercio no sancionado y cooperación del sector privado.

Cuarta etapa: construcción de un entendimiento sobre la cuestión kurda

Este es quizás el ámbito más importante del futuro diálogo de seguridad. Teherán y Ankara comparten un interés común en impedir que las zonas fronterizas de Irán, Irak y Siria se conviertan en un espacio de actividad armada transfronteriza.

Quinta etapa: reactivación de la diplomacia regional

Los análisis turcos muestran que Ankara desea consolidarse como mediador y actor equilibrador. Por lo tanto, el diálogo entre Teherán y Ankara podría salir del marco estrictamente bilateral y desarrollarse dentro de arreglos regionales más amplios.

¿Cuál es el escenario deseado por los centros de estudios turcos?

Al reunir los estudios recientes, puede trazarse una imagen relativamente clara de la situación deseable para Ankara:

Que Irán permanezca, pero más débil que antes; que preserve su estabilidad interna; que no entre en una guerra regional; que su programa nuclear quede bajo control; que su influencia regional se vea más limitada; pero que no se genere un vacío de poder en las fronteras de Turquía.

El estudio de las posturas recientes de los centros de estudios turcos muestra que Ankara no se dirige hacia la ruptura de relaciones con Teherán, sino que está redefiniendo dicha relación. Es probable que la relación futura pase del modelo de "cooperación amplia - rivalidad limitada" hacia el de "rivalidad amplia - cooperación selectiva".

En esta situación, Teherán no debería utilizar en la definición de Turquía el concepto de "nuevo enemigo", ya que dicha calificación coincidiría exactamente con la lógica geopolítica que Ankara necesita, es decir, distanciarse de Irán y acercarse a redes rivales. En contrapartida, para Turquía tampoco resulta conveniente transformar su rivalidad con Irán en una enemistad total, dado que Irán sigue siendo su vecino, un mercado, una ruta energética, un factor de seguridad fronteriza y un actor relevante en Irak, el Cáucaso y Asia Central.

Por ello, el camino más probable es el de una "rivalidad gestionada"; una rivalidad que, si se preservan los canales de diálogo, puede transformarse de una crisis en una suerte de equilibrio de rivalidad y cooperación.

Y quizás la conclusión más importante para los responsables de la política iraní sea la siguiente:

El asunto central del futuro de las relaciones entre Irán y Turquía no es evitar la discrepancia, ya que la discrepancia estructural resulta inevitable. El asunto central es impedir que la discrepancia se transforme en una hostilidad institucionalizada y que la rivalidad geopolítica se convierta en un enfrentamiento de seguridad.

Este punto es coherente con las evaluaciones recientes de Turquía: incluso los análisis que consideran el aumento del papel regional de Turquía como una oportunidad insisten en que el colapso o la inestabilidad de Irán podría generar para Ankara una ola migratoria, inseguridad fronteriza, la amenaza kurda y disrupción de las rutas comerciales.

Por lo tanto, desde una perspectiva estratégica, el punto de entrada adecuado para Teherán no es intentar frenar el papel regional de Turquía, sino diseñar un "acuerdo de rivalidad gestionada entre Irán y Turquía"; un acuerdo que reconozca la rivalidad en Siria, Irak y el Cáucaso, pero que fije líneas rojas comunes en materia de seguridad fronteriza, la cuestión kurda, el comercio y la prevención de un enfrentamiento directo.

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